El Desapego

¿Dejas que tus emociones te controlen?


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Una vez que se acostumbre a la atención plena, realmente no puede desactivarla. Puede hacer algo sin sentido, pero está consciente de que está haciendo algo inconsciente, que en realidad esto es una forma de practicar la atención plena. Entonces, una vez que está presente en la atención plena, está presente en la atención plena y punto.


Pero siempre hay más aprendizaje, más profundidad, más significado para recoger y compartir en la atención plena. Actualmente estoy trabajando para fortalecer mis habilidades en el desapego. Soy realmente bastante buena para no apegarme a eventos negativos, como alguien que dice algo grosero o cuando algo molesto está sucediendo. Eso no significa que me falten sentimientos o que a veces no me enojo o no me frustro, pero mi mente se ha vuelto automático para recordarme inmediatamente que lo deje ir. Si estoy enojada, en última instancia solo me duele y he practicado esta lección tantas veces que ahora es un hábito dejarlo ir rápidamente.


Pero he reconocido que no me va tan bien con el desapego, aun cuando se trata de buenas noticias, un evento feliz o de algo emocionante que está sucediendo. Ahora, se estará preguntando por qué yo no quisiera reaccionar a noticias buenas. La respuesta es que quiero sentirme contento y alegre todo el tiempo, independientemente de lo que esté sucediendo en mi mundo externo. Si mi felicidad se basa en eventos externos, entonces estoy montando una montaña rusa de sentirme bien cuando las cosas van bien y sentirme triste o enojada cuando las cosas no salen a mi manera.


No apegarse no significa estar sin emociones. Los sentimientos no dejan de existir a medida que aprendemos a dejarlos ir. Simplemente nos relacionamos con ellos de manera diferente porque entendemos su naturaleza fugaz. Considere la práctica de meditación de notar sus pensamientos. Tenemos entre 40 y 50 pensamientos por minuto. Si creyéramos o nos apegáramos a cada pensamiento que tenemos, obtendríamos absolutamente nada hecho en la vida. Estaríamos demasiado ocupados, molestos o entusiasmados con nuestros pensamientos para centrarnos en algo más. Pero a través de esta práctica de meditación, comenzamos a darnos cuenta de que los pensamientos continuamente van y vienen, y que tan pronto como uno ocurre, otro sigue, y otro.


La falta de apego simplemente significa que no nos enredamos en estados emocionales. Cuando de primero yo fui introducida a este concepto, pensé que haría la vida muy aburrida. Lo entendí mal y siempre me mantenía emocionalmente en el medio, sin molestias, pero tampoco emoción. Pero eso no es así como funciona en absoluto. Es más una cuestión de reconocer que esas emociones también son fugaces. Tan pronto como ocurre uno, es seguido por otro y otro. Al no apegarse a estos emociones a medida que surgen, pero más observándolas y aceptándolas como son, podemos disminuir la cantidad de energía que gastamos en tratar de evitar sentimientos "negativos" o buscar sentimientos "positivos". El desapego crea un sentimiento de libertad y fortalece enormemente nuestro enfoque en el presente momento. Lo que está sucediendo está sucediendo. No hay razón para apegarse o resistirlo.


A través del desapego podemos relacionarnos con el mundo tal como es en vez de con nuestros conceptos, que nunca trae felicidad duradera. Esto amplía nuestra percepción del mundo y en realidad aumenta nuestra compasión por los demás al observar el sufrimiento sin apegarnos a él. Por ejemplo, muchas personas ahora están molestos por la situación de las personas sin hogar. Aquí en Los Ángeles, recientemente ha explotado y hay campamentos en todas partes, no solo en la fila de patinaje o a lo largo de las vías del tren. Cuando estamos apegado a nuestras emociones, puede ser mucho más difícil sentir empatía por una persona sin hogar.


Digamos que a camino a casa después de trabajar, paramos al supermercado para comprar mandado. Estamos cansados. Sentimos presión llegar a casa y comenzar a cocinar para hacer cena para la familia. Tenemos problemas para encontrar un espacio de estacionamiento. Finalmente vamos hacia la puerta de la tienda, solo para encontrarnos con una persona sin hogar que pide dinero. Podrían estar sucios y oler desagradable. Pueden parecer un poco atemorizantes. Podríamos sentirnos enojados por ser molestados, disgustado de que esta persona esté presente en este momento, temeroso de que los valores nuestras propiedades puedan disminuir porque las personas sin hogar se mudaron al vecindario, frustradas con el gobierno por no arreglar el problema y culpable por no darle dinero a esta persona. A medida que nos apegamos a todas estas emociones, nos contamos a nosotros mismos una historia negativa y vemos el mundo a través de ese lente negativo. Seguimos dando una vuelta por este evento emocionalmente, tal vez incluso una vez que lleguemos a casa, mientras cocinamos, y así sucesivamente. En lugar de sintiendo compasión por la persona sin hogar, nos vemos como una víctima y nos sentimos angustiados o con sufrimiento.


El mismo escenario a través del desapego se ve muy diferente. Nos encontramos con la persona sin hogar y podemos sentir empatía por él o ella porque no nos estamos contando una historia sobre lo horrible que es. Aceptamos que tenemos un gran problema, pero no nos apegamos a todas las emociones negativas. Podemos o no decidir darles dinero, pero no hay culpa. Podemos hablar con la persona, sonreír con ellas y deséales buena suerte. Y seguimos nuestra vidas sin molestarnos o ira. Por cierto, no puedo decirle lo agradecida que está una persona sin hogar cuando simplemente reconoces dándoles hola o sonriéndoles. A veces les doy dinero, pero la mayoría de las veces, cuando al llegar a casa, doné dinero a un refugio para personas sin hogar con la esperanza de que puedan recibir más desamparados para sacarlos de las calles. Eso no es una reacción a una emoción, sino una acción en respuesta a una situación que no puedo solucionar, pero que siento que puedo ayudar de alguna manera. Puedo sentirme obligada para ayudar, pero no estoy apegada al resultado.



Considere que tan apegados podemos estar a los sentimientos de ira o dolor cuando nuestro jefe nos dice algo negativo. Lo repetimos en nuestra mente una y otra vez, nos enojamos, consideramos dejarlo, quizás lloramos. Justificamos por qué la reacción de nuestro jefe es injusta o inexacta y lamentamos nuestra situación. Nos hacemos absolutamente miserables. Eso es porque estamos apegados emocionalmente a las palabras pronunciadas por el jefe. Pero si nos separamos de esos sentimientos y simplemente observamos la realidad de la situación, es una de dos opciones. En realidad si cometimos un error o el jefe tiene una percepción que no es precisa, que podemos elegir señalar de una manera no emocional, o no. Un mensaje suele ser mucho mejor escuchado y considerado cuando estamos tranquilos y somos objetivos que cuando estamos molestos y tratando de comunicar un hecho. De nuevo, esto no significa que ha nosotros no nos importa la percepción que nuestro jefe tiene de nosotros, pero dejamos de lado la angustia emocional que normalmente queda atrapado en nosotros.


Estoy seguro de que puede pensar en muchos escenarios similares a los anteriores. Y me resulta más fácil dejar de lado estas situaciones negativas al separarme de mis emociones, reconociendo que son transitorias y que pasarán. Pero como mencioné al comienzo de esta discusión, tengo más resistencia a dejar ir las emociones positivas y quiero apegarme a esos sentimientos. Muchas cosas se están uniendo en mi vida en este momento y estoy logrando objetivos que llevan años esperando que los alcance. Es emocionante y alegre y quiero permanecer en ese "alto". Pero estas emociones no son diferentes a las negativas. Son solo sentimientos fugaces que pasarán. Entonces, en lugar de saltar por mi sala aplaudiendo una gran noticia, me beneficiará más sentir gratitud por cualquier evento que esté ocurriendo, pero también acepto que, independientemente de estos eventos externos, puedo elegir sentirme feliz todo el tiempo. Mi felicidad no depende de eventos externos. Puedo observarlos, disfrutarlos, apreciarlos, pero si yo me apego a ellos, me estoy deslizando en el síndrome de "Sucederá cuando". Y eso no trae felicidad permanente. Esa es una montaña rusa.


La falta de apego nos libera porque estamos a cargo de nuestra mente y emociones en lugar de ser controlados por ellas. Y, con esta libertad, podemos experimentar completamente todos los matices de cada evento en nuestras vidas sin la necesidad de aferrarse a las emociones involucradas, lo que también libera el miedo a perder esos sentimientos. Podemos aceptar que algunos eventos en la vida se sienten agradables y otros no tanto, pero ambos pasarán y nuevas emociones surgirán. Nuestra gratitud aumenta a través de esta práctica porque reconocemos que no importa si algo es bueno o malo, nada durará. Para que podamos disfrutarlo más sabiendo que es precioso en este momento y luego se habrá ido.



El no apegarse es un estado mental. Los nuevos apegos siempre nos tentarán, así que para vivir con el estado de mente de no apegarnos, para darnos cuenta de la importancia de vivir de una manera que vamos con el flujo natural de cosas y respetar la impermanencia de toda la vida, esto es la base para realizar el desapego. Un interesante efecto secundario de no apegarse es no juzgar. Nos volvemos menos críticos a medida que liberamos las emociones involucradas en la observación de la vida. Realmente es lo que es. Todo esto lleva a sentimientos de mayor paz y contentamiento, mayor compasión por nosotros mismos y los demás, y mayor claridad sobre la diferencia entre lo que estamos pensando y sintiendo versus lo que realmente está ocurriendo.


Esto requiere una práctica considerable, pero prácticamente todos tienen el poder de domesticar su mente a través del cultivo de la atención plena y la conciencia.



Tome unos minutos para concentrarse en algo del pasado que realmente le molestó, tal vez un par de años atrás. Cuando recuerde sentimientos de ira o molestia, intente mirarlo con esta nueva perspectiva. ¿Permanecieron esos sentimientos mucho después de que haiga pasado el evento? ¿Cambiaron esos sentimientos? ¿Estas emociones afectaron las decisiones que tomo después del hecho? ¿Finalmente se disiparon esos sentimientos, reemplazados por unos nuevos?


Ahora recuerde un evento pasado que fue muy emocionante y feliz. Intente mirar ese evento con una nueva perspectiva. ¿Cuánto tiempo duró ese nivel de emoción alta? ¿El evento en si altero esos sentimientos? ¿Los sentimientos de desilusión aparecieron más tarde, cuando se disipó el "alto"?


Podemos encontrar alegría en cualquier evento, ya sea saber que estamos aprendiendo algo nuevo, entendiendo que incluso las situaciones desagradables pasarán, o en la observación de que la vida misma es impresionante. La falta de apego no se trata de no preocuparnos o no sentir lo que sentimos. Se trata de tratar de no aferrarnos a esos sentimientos y apreciar que no necesitamos hacerlo. La vida se desarrollará si nos aferramos a los sentimientos o no y podemos disfrutar de todo el viaje sin problemas y no subirnos a la montaña rusa de emociones.


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